Sonreí al pensar que cada letra que tecleaba me traía su nombre a la cabeza, las veces que confundí el personaje principal de mi novela con él, las veces que soñé que fuera él y no otro el que acariciara mi espalda mientras escribía.
Sentada frente a mi portátil intenté concentrarme en mi nuevo libro, en lo que diría mi editora si seguía pensando en el vecino del quinto y no acababa el capítulo prometido para el fin de semana. Imposible, todo era imposible, no había forma de olvidar como me había sonreído en el ascensor, como había hecho el ridículo al venir a pedirme un poco de sal con un paquete de sal sin empezar bajo el brazo y como se había ido sin responder mi saludo al ver a mi novio cogerme de la cintura en el portal.
Mierda. Seguía dándole vueltas a su nombre y me odié al pensar que a estas alturas de la publicación no podía sustituir el nombre del personaje por el suyo, además era una locura.
Por mucho que sonara el teléfono no iba a contestar, sabía quién era y lo que quería y no podía hacer frente a ello ahora y menos en este estado de ansiedad en el que me encontraba. ¿A quién se le ocurre pronunciar el nombre de su fantasía erótica mientras lo hace con su novio? Sí, soy estúpida, lo sé.
¡Dios! No podía parar de pensar en sentir sus manos recorriendo mi piel... Y otra vez volvía a mi tema recurrente, él y su sonrisa de medio lado, él y su mirada traviesa por encima de las gafas...
Me encaminé hacia la puerta de mi apartamento decidida a subir al suyo y hablar con él, cuando de pronto, al abrir la puerta lo vi, estaba frente a mi casa, con el brazo levantado preparado para picar en mi puerta y la frente perlada de sudor. Parecía nervioso y su lengua se trababa mientras intentaba balbucear una buena excusa. Le sonreí intentando infundirle valor pero la cosa no mejoró, bromee con él sobre lo curioso de la circunstancia pero solo conseguí ponerlo más nervioso; parecía que se encontrara frente a un tribunal.
El silencio se hizo presente entre nosotros, su mirada oculta tras las gafas de sol, sus puños cerrados... yo sólo pude entretenerme en admirar cada parte de su cuerpo, sus piernas, sus brazos, sus labios entreabiertos, sus labios formando una cálida sonrisa, sus manos retirando las gafas y recordándome que no estaba ciego y que me había visto recorrerle por segundos.
- No sabía si iba a molestarte, no sabía si iba a estar tu estúpido novio aquí o si iba a tener que pelearme con él.
¿Pelearse? ¿Pelearse, por qué?
- ¿Pelearte?
Su sonrisa de medio lado volvió a aparecer y yo ya no pude pensar nada más, este chico me estaba volviendo loca, estaba obsesionada.
- Pelearme por ti.
Mi cara de sorpresa duró dos segundos y luego estallé en una carcajada. Este chico estaba loco de atar.
- ¿Por mi?- Dije entre carcajadas.
- Por ti- Susurró en mi cuello.- Me vuelves loco, me tienes obsesionado, no hago nada a derechas. Rondas mi mente a todas horas, despierto y en sueños. Susurro tu nombre a todas horas, me imagino que haces, con quién estas y me vuelvo loco de celos.
No me había dado cuenta de que estuviera tan cerca de mi, no recordaba que su voz fuera tan grave o que sonara tan extremadamente sensual. Estaba paralizada y lo único que podía hacer era sentir, sentir su mano quemándome en mi cintura, su mano empujándome hacia el interior de mi apartamento, su mano cerrando la puerta. No resistí más y le besé.
No estaba bien lo que hacía, de hecho no había roto formalmente con mi novio, pero en aquel instante me daba todo igual. El objeto de mi deseo, de mi lujuria, de mi obsesión estaba frente a mi, junto a mi y me estaba besando como si le fuera el mundo en ello.
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Bueno, pues una vez más empiezo algo que no sé si acabaré. De todas formas, tal y como está es casi perfecto. Espero que lo disfrutéis y agradezcáis a mi musa la inspiración.
Besos.Sentada frente a mi portátil intenté concentrarme en mi nuevo libro, en lo que diría mi editora si seguía pensando en el vecino del quinto y no acababa el capítulo prometido para el fin de semana. Imposible, todo era imposible, no había forma de olvidar como me había sonreído en el ascensor, como había hecho el ridículo al venir a pedirme un poco de sal con un paquete de sal sin empezar bajo el brazo y como se había ido sin responder mi saludo al ver a mi novio cogerme de la cintura en el portal.
Mierda. Seguía dándole vueltas a su nombre y me odié al pensar que a estas alturas de la publicación no podía sustituir el nombre del personaje por el suyo, además era una locura.
Por mucho que sonara el teléfono no iba a contestar, sabía quién era y lo que quería y no podía hacer frente a ello ahora y menos en este estado de ansiedad en el que me encontraba. ¿A quién se le ocurre pronunciar el nombre de su fantasía erótica mientras lo hace con su novio? Sí, soy estúpida, lo sé.
¡Dios! No podía parar de pensar en sentir sus manos recorriendo mi piel... Y otra vez volvía a mi tema recurrente, él y su sonrisa de medio lado, él y su mirada traviesa por encima de las gafas...
Me encaminé hacia la puerta de mi apartamento decidida a subir al suyo y hablar con él, cuando de pronto, al abrir la puerta lo vi, estaba frente a mi casa, con el brazo levantado preparado para picar en mi puerta y la frente perlada de sudor. Parecía nervioso y su lengua se trababa mientras intentaba balbucear una buena excusa. Le sonreí intentando infundirle valor pero la cosa no mejoró, bromee con él sobre lo curioso de la circunstancia pero solo conseguí ponerlo más nervioso; parecía que se encontrara frente a un tribunal.
El silencio se hizo presente entre nosotros, su mirada oculta tras las gafas de sol, sus puños cerrados... yo sólo pude entretenerme en admirar cada parte de su cuerpo, sus piernas, sus brazos, sus labios entreabiertos, sus labios formando una cálida sonrisa, sus manos retirando las gafas y recordándome que no estaba ciego y que me había visto recorrerle por segundos.
- No sabía si iba a molestarte, no sabía si iba a estar tu estúpido novio aquí o si iba a tener que pelearme con él.
¿Pelearse? ¿Pelearse, por qué?
- ¿Pelearte?
Su sonrisa de medio lado volvió a aparecer y yo ya no pude pensar nada más, este chico me estaba volviendo loca, estaba obsesionada.
- Pelearme por ti.
Mi cara de sorpresa duró dos segundos y luego estallé en una carcajada. Este chico estaba loco de atar.
- ¿Por mi?- Dije entre carcajadas.
- Por ti- Susurró en mi cuello.- Me vuelves loco, me tienes obsesionado, no hago nada a derechas. Rondas mi mente a todas horas, despierto y en sueños. Susurro tu nombre a todas horas, me imagino que haces, con quién estas y me vuelvo loco de celos.
No me había dado cuenta de que estuviera tan cerca de mi, no recordaba que su voz fuera tan grave o que sonara tan extremadamente sensual. Estaba paralizada y lo único que podía hacer era sentir, sentir su mano quemándome en mi cintura, su mano empujándome hacia el interior de mi apartamento, su mano cerrando la puerta. No resistí más y le besé.
No estaba bien lo que hacía, de hecho no había roto formalmente con mi novio, pero en aquel instante me daba todo igual. El objeto de mi deseo, de mi lujuria, de mi obsesión estaba frente a mi, junto a mi y me estaba besando como si le fuera el mundo en ello.
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Bueno, pues una vez más empiezo algo que no sé si acabaré. De todas formas, tal y como está es casi perfecto. Espero que lo disfrutéis y agradezcáis a mi musa la inspiración.
esperando con ansia, la continuación. :))
ResponderEliminarbesos.
(alex)