lunes, 23 de marzo de 2009

Caos


Sentí por un momento que me faltaba el aire, que mi vida, mis sueños, mi todo se iba. La nada absorbía todo lo que había a mi alrededor. Sentí el impulso de querer avanzar, de dejarme flotar, de huir de todo y no afrontar mis problemas. Sentía todo a mi alrededor y a la vez no sentía nada. Me perdía en mis propios pensamientos, esos que me ataban aún a la realidad, esos que me obligaban a no huir, esos que impedían que saliera del pozo y me elevara. Los ojos cerrados, no quería ver, no quería sentir, sólo quería que todo acabara, que mi vida, mi sufrimiento se fuera. Algo me hizo sentir calor, calor en medio de ese frío invernal que era mi propia conciencia, una luz entre tanta oscuridad, un sentimiento de paz y armonía entre tanto caos. Quise abrir los ojos y ver por mi misma que aún seguía en mitad del desierto, quise creer mi propia mentira y vivir mi mundo irreal, un mundo dónde nadie ni nada podría salvarme. Ese algo hizo que mi cuerpo se estremeciera, que se negara a dejarme ir, que me obligara a abrir los ojos y ver lo que había a mi alrededor, la nada se desvanecía y volvían a mi los colores y la sensación de protección. Volví a cerrar los ojos y a hundirme en el caos, quería seguir en mi mundo dónde era más sencillo dejarse morir que vivir. Mi cuerpo me estaba traicionando, no quería seguir a mi mente, no quería dejarse ir y me obligó a sentir el tacto, el tacto de una mano cálida. Mantuve mis ojos cerrados por miedo ha descubrir al dueño de esa mano cálida y ordené a mi cuerpo que dejara de sentir. Nuevamente mi cuerpo se negó y ordenó a otro de mis sentidos despertar, en ese momento escuché una voz, una voz profunda y dulce que me animaba a abrir los ojos y sentí el impulso de hacerlo. Aún dudando de ello abrí mis ojos para descubrir una mancha borrosa de brillantes colores, la luz me cegaba, estaba acostumbrada a mi propia oscuridad que cualquier luz, por tenue que fuera, me dañaba. Decidí que quizás en mi mundo faltaba algo de luz e imaginé un faro, un faro lejano, muy lejano, que me guiaba entre las turbias aguas de mi mente y apareció en el horizonte de mi mundo, un faro tan pequeño y brillante como los diminutos puntos que eran las estrellas en el cielo. Asombrada por lo que la luz podía hacer a mi mundo quise volver a abrir los ojos, ahora la luz no me dañaría con la misma intensidad de antes y quizás, solo quizás, pudiera vislumbrar colores, colores brillantes, colores con luz, que hicieran de mi mundo un mundo más real. Al abrir los ojos encontré, junto a mi, una mancha del tamaño de una persona, una mancha de colores vivos llenos de luz, una mancha que poco a poco tomaba forma pero antes de que la tomara completamente miré hacia otro lado buscando más colores para así volver a cerrar los ojos y volver a mi mundo, ese mundo que poco a poco cogía forma y se hacía real, más real, un mundo dónde pese al dolor y el caos podría huir y dejarme morir. Cerré los ojos guardando en mi mente esos colores que ardían con su luz y calor propios, colores fuego y cobre, colores fríos pero llenos de vida, colores que hacían por fin de mi caos un lugar digno para morir y dejar de sufrir. En eso estaba cuando sentí algo rozar mis labios, abrirse paso en mi boca e insuflar aliento en mis pulmones. Quien quiera que fuera esa persona me estaba robando mi derecho a morir tranquila y en paz rodeada de todo el sufrimiento que había formado parte de mi vida. Mis pulmones empezaron a respirar, mi corazón empezó a latir más rápido bombeando sangre a todo mi cuerpo y desobedeciendo mis órdenes y mis ojos querían poner rostro a esa mancha borrosa que me estaba devolviendo la vida. La nada dejó de expandirse y parecía que todo volvía a la normalidad, mi caos volvía a ser oscuro y frío pero cada vez más y más lejano. El sentimiento de abandono y fracaso se alejaba de mi y empezaba a querer aferrarme a la vida cuando una punzada de dolor me recordó porque huía. La sangre y el oxigeno habían despertado mis sentidos y ahora volvía a recordar el dolor que había intentado olvidar. Noté una caricia en mi cara, unos labios besando mi mejilla y escuché esa voz dulce y profunda que me pedía que viviera, que luchara y no sé por que le hice caso, abrí los ojos e intenté fijar mi vista en la suya, busqué reconocer esa mancha borrosa, ponerle cara y nombre y vivir. No sabía quién era ese desconocido de cálida aura, ni siquiera me importaba, tan sólo sabía que gracias a él había olvidado mi caos y volvía a desear sufrir y sentir. Cogí su mano y me dejé llevar...





Texto: Shamandalie
Pic: Chaoticalex (podéis ver más trabajos suyos en DeviantArt)

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