viernes, 31 de julio de 2009

La editora: placer culpable (I)

No sabia porque seguía viéndolo, ni porque no le había contado nada a ella.
Su relación era estrictamente profesional, no eran amigas, no eran compañeras, se veían lo justo y más desde que ella guardaba ese secreto.
Ellos ya se conocían, él era el editor más joven, hacía poco que había entrado a trabajar y para desgracia de todos estaba con alguien.
En un principio eran compañeros de trabajo, revisaba sus proyectos y le daba el apoyo que necesitaba cuando le tocaba defender sus escritores. Tanto tiempos juntos en la oficina derivó en una relación de amistad, quedaban después de trabajar, iban a comer juntos en la oficina, comentaban las noticias y los últimos libros de la editorial. Iban juntos al cine y salían a cenar los jueves.
Parecían una pareja, la comodidad de saber que siempre tienes alguien con quién hablar, que siempre tendrás un hombro sobre el que llorar, el único problema era ella. Eran un mal trío.
Pasaron meses sin hablar de ella, eran solo ellos, amigos, compañeros, almas reencontrada; hasta que un día, durante una de sus cenas, él le ofreció un manuscrito nuevo.
Era muy extraño que cediera un manuscrito, era extraño que siendo como era no quisiera llevarse todo el mérito. Antes de que ella pudiera expresar en alto todas sus dudas ya le estaba dando los motivos que lo llevaban a ceder ese manuscrito en concreto; era de alguien muy cercano a él y no quería que se extendieran rumores que pudieran desmerecer el trabajo del escritor. Lo leyó, era bueno, quizás necesitaba un par de retoques, algo que diera más garra al relato, pero era lo suficientemente bueno como para presentarlo a la editorial y así se lo hizo saber.
Aún maldecía el momento en el que decidió conocerla y representarla. Fue durante una comida en el restaurante al que solían ir ellos dos, no era una reunión de trabajo, no era una comida entre amigos, era el momento más tenso de la historia.
Él llegó tarde y tenso, ofreciendo disculpas y excusas e intentando prepararla para lo que iba a ser uno de los peores momentos de su relación.
- El escritor... no es un escritor.
- ¿Qué es entonces?
- Es escritora, muy buena, le falta un poco de autoestima y se bloquea fácilmente pero cuando se pone a escribir no para, necesita a alguien como tú.
- Bueno, entre mujeres es normal el bloqueo, a veces necesitamos un poco de ayuda y separar la realidad de la ficción.
- Ella es algo más que una amiga.
- ¿Algo más? ¿Cuánto más?
- Es mi pareja, vivimos juntos desde hace un año.
- Entiendo... no tienes nada de que preocuparte.
- No me preocupo por mi, ni por ella. Me preocupo por ti, por nosotros.
- Nunca ha habido un nosotros.
- Siempre ha existido un nosotros, el problema es ella, no puedo dejarla, no puedo desengancharme, sé que es egoísta y que no mereces esto, pero no puedo dejarla ir, aún.
- Ya te he dicho que no tienes de que preocuparte.
Al llegar, pudo verla detenidamente, no era más que ella, de hecho era una chica del montón, rozando lo vulgar, no en el mal sentido sino en el sentido que era totalmente invisible de lejos aunque al conocerla descubrías ese aura que la rodeaba. Un aura de misterio que te hacía querer estar cerca de ella, una inocencia y calidez indescriptibles. Y es que ella era más que un ser humano que existía, apenas imperceptible podía contagiarte con su sonrisa y entristecerte con su tono de voz; captaba tu atención, si, lo hacía, pero no de la misma forma que lo haría una belleza griega.


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La pprimera parte de la tercera entrega de esta historia que no sé ni como va a acabar

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