domingo, 13 de septiembre de 2009

La editora: placer culpable (II)

Finalmente he acabado este capítulo, puede parecer acabado deprisa y corriendo pero no, han sido muchos tachones, palabras de más y de menos, expresiones cambiadas, cambios de ideas y finalmente descubrí que podría seguir escribiendo el resto de viñetas saltándome el final de esta pero no tenía sentido. Debía descubrir quién era la editora y porque había aparecido en mi mente de repente. No sé si gustará o no el final ya que es algo precipitado pero me da exactamente igual.
Os dejo el link a la primera entrada:
http://soloescriboestupideces.blogspot.com/2009/07/la-editora-placer-culpable-i.html

Y a continuación de esta pondré otra viñeta que lleva escrita ya un tiempo.


Desde el primer momento supo que el sentimiento de culpa se iría incrementando si la tenía a su alrededor.
Al verla de cerca, al darle la mano y observar su sonrisa entendió porque él era incapaz de dejarla. Todo en ella transmitía paz y calor. Se sentía envuelta en una burbuja que solo se rompió cuando escuchó su voz.
Su voz y el efecto que producía se complementaban. La calidez que la envolvía era incomparable con el tono dulce de su voz.
Al saludarse notó la piel suave de sus manos. Toda ella era fragilidad y te llamaba a protegerla y querer acunarla entre tus brazos.
Definitivamente le entendía, ya veía porque era incapaz de dejarla ahora, en ese mismo instante. No sería capaz de dejarla hasta que estuviera en buenas manos; pretendía que ella fuera el relevo, que le diera el apoyo necesario y fuera su hombro sobre el que llorar. ¿Sería capaz de aceptar esa carga sobre sus hombros?

Ahora que había pasado tanto tiempo desde esa comida veía claramente que si definitivamente pasaba ella estaba a su cargo y que aunque no fueran amigas, por su culpa había aceptado algo que en realidad no quería, ser su paño de lágrimas. Lo peor de todo es, que aunque quisiera no podría negarse, había caído también, en ese hechizo aturdidor que la obligaba a permanecer cerca de ella.


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